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Vasija de Terra Sigillata

La consolidación del poder de Roma en los primeros siglos de nuestra era, tuvo profundas consecuencias en todos los ámbitos de la vida de las personas que habitaban su espacio de influencia, incluso en aquellos más cotidianos como las costumbres culinarias latinas, que acabaron por extender el uso de ciertos utensilios y menaje acordes a la tradición romana.


Aunque conviviendo durante mucho tiempo con las antiguas cerámicas de tradición indígena prerromana, se extiende el uso de nuevas vajillas cerámicas de lujo que reproducen modelos italianos que serán imitados en diversas zonas del imperio. Este fenómeno también se constata en territorio hispano, hasta el punto de surgir un floreciente centro de producción, comercialización y distribución de estas imitaciones en el cercano valle del Najerilla, en el área de Tritium Magallum, cerca del pueblo de Tricio en La Rioja.


Con el tiempo, estas producciones de lo que la arqueología conocerá como Terra Sigillata Hispanica, se difundirán por una buena parte del imperio romano debido a su gran calidad. El nombre de este tipo de cerámicas, sigillata, deriva de que cada maestro artesano que regentaba un taller estampaba su sello, o sigillum, en el fondo de algunas piezas. Entre sus características principales destaca, sobre todo, el intenso color rojo de las piezas que se hicieron entre los siglos primero y tercero después de Cristo, que se convertirá en anaranjado con el paso del tiempo y las modas, hasta que en torno al siglo VI concluya su fabricación.


Las piezas se hacían a partir de un molde en el que se introducía la arcilla fresca, convenientemente seleccionada y decantada para conseguir la mayor calidad. En el molde se les daba la forma deseada y se cocían después en hornos industriales de gran capacidad y complejidad técnica, para finalmente aplicarles el barniz que les daba el tono rojizo característico.


Muchas de las vasijas se decoraban con simples motivos geométricos o con amplios programas figurativos que incluían, como en el caso del gran vaso recuperado en el yacimiento de Uralde, complejas escenas con representaciones de luchas entre gladiadores y diversas fieras.


Aunque la mayor parte de las piezas localizadas se dedicaban al servicio de mesa en formas tan reconocibles como platos, fuentes, tapaderas, vasos y jarras, otras se destinaban a la iluminación, como las lámparas de aceite llamadas lucernas, o al transporte de líquidos en cantimploras.

Cronología aproximada:

Siglos II- III d.C. / Roma

Procedencia:

Uralde

Planta 3